Rellenos

Elegir un buen relleno marca la diferencia en cualquier cojín de sofá. No solo ayuda a que la funda respire, sino que mantiene la forma del cojín durante más tiempo y evita ese aspecto aplastado que aparece con los rellenos pobres. Me gustan especialmente los de pluma o las fibras de alta recuperación: dan cuerpo, vuelven a su sitio en cuanto los tocas y ofrecen un volumen generoso si se usan en una talla superior a la funda.

También influyen en el confort térmico: los materiales naturales regulan mejor la temperatura, y las fibras de calidad no retienen tanto calor ni humedad. Además, un buen relleno reduce puntos de presión, así que al apoyar la espalda o tumbarse unos minutos se nota un soporte más suave pero estable.

El mantenimiento es sencillo y prolonga la vida del cojín: airearlos de vez en cuando, esponjarlos con un par de golpes y girarlos cuando haga falta. Con estos cuidados, siguen mullidos y con presencia.

Cuando el relleno acompaña, el cojín no es solo un elemento decorativo: se convierte en una pieza que invita a sentarse, relajarse y disfrutar del espacio. En el salón y en el dormitorio, eso se traduce en más comodidad, más calma y una sensación general de hogar bien cuidado.